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viernes, 24 de enero de 2014

Sobre los misterios del señor Satán

Había decidido actualizar muy seguido pero no me ha dado tiempo, así que me tomé la libertad de agarrar un texto que escribí para otro blog y ponérselos aquí, por si no lo han leído y medio les interesa el pedo. 
No es fusil, es sólo reciclado. 

Lean, pues:


De acuerdo a la Wikipedia en español, “el black metal es un subgénero extremo del heavy metal, surgido a mediados de los años ochenta. Se caracteriza por sus letras anticristianas, que generalmente abarcan temas como el odio, la misantropía, el satanismo, la violencia, el negativismo, el suicidio, el ocultismo, el nihilismo y la guerra.”

Pero, ¿cómo debe ser el black metal? O más bien, ¿cómo debe sonar? Podría escribir un tratado completo pero lo haré de una manera más sencilla: el black metal debe sonar como suena en este álbum.

Ocho tracks distribuidos en poco más de 45 minutos que te pondrán a viajar. Olvídate de rolitas orquestadas al estilo de Dimmu Borgir o las ridiculeces que hacen Gorgoroth o Carpathian Forest. Aquí el sentimiento de muerte está cabrón.  No hay espacio para el virtuosismo. No hay espacio para desperdiciar en solos de guitarra por lo que prácticamente no fueron invitados. Lo de este disco es maldad pura (sí, inocente y de adolescente idiota, pero pura). Las vocales parecen salidas del mismísimo infierno, acompañadas por poderosos riffs y una base rítmica contundente. Los temas van cambiando de ritmos a medio tiempo hacia feroces carreras apoyadas por un doble bombo brutal cortesía del baterista quien es, sin duda, el músico más preparado de la alineación. El círculo lo cierra una producción sucia pero, a la vez, ideal para lo plasmado.

“Funeral Fog”, “Freezing Moon”, “Cursed in Eternity”, “Pagan Fears”, “Life Eternal”, “From the Dark Past”, “Buried by Time and Dust” y “De Mysteriis Dom Sathanas” son los títulos de los temas, mismos que nos advierten sobre la capacidad creativa de la banda, basada en el vivir en un país donde los templos de adoración a Odín y su banda fueron sepultados bajo templos cristianos (como en México, ja) y donde la mitad del año viven de noche. He ahí la magia del disco. Éste te ayudará a comprender mejor al movimiento del black metal noruego (indiscutible base del género).

Pero, ¿de dónde salió?
Hace muchos años, 19 para ser exactos, cuando el black metal no era cuestión de risa (la neta es que siempre ha sido cuestión de risa), cuando no habían aparecido pandas satánicos en todas las regiones del mundo y cuando el movimiento Nacional-Socialista de black metal oaxaqueño no había sido siquiera concebido en la mente de los morenazis, apareció en el mercado este álbum que definiría un género a la perfección. Traducido como “Sobre los Misterios del Señor Satán”, De Mysteriis Dom Sathanas es, seguido de cerca por el Under the Sign of the Black Mark de Bathory, el disco más importante e influyente de black metal de todos los tiempos para quien esto escribe.
Es importante que chequen bien el nombre de cada uno de los integrantes, no sólo por ser escalofriantes como las noches noruegas, sino también porque son una especie de Guía Roji de la maldad:

Øystein “Euronymous” Aarseth- guitarra
Snorre “Blackthorn” Ruch- guitarra
Varg Vikernes- bajo (sí, el mismísimo Count Grishnackh, el personaje que la hace de todo en la mítica banda Burzum)
Attila Csihar- voz. De él, no se pierdan su trabajo con la superbanda de drone Sunn O)))
Jan Axel “Hellhammer” Blomberg- batería


Y como lo cuentos Disney, la historia comienza de la siguiente manera:
El vocalista original de la banda, un sueco llamado Per “Dead” Ohlin se suicidó en 1991, pues se sentía defraudado por la escena. O sea, se deprimió como emo y se voló la tapa de los sesos con una escopeta. Su cuerpo fue descubierto en una habitación decorada con cachitos de cerebro en las paredes por Euronymous quien, antes de avisar a la policía, se dedicó a tomar las fotos que servirían de portada para el disco en vivo The Dawn of the Black Hearts y a recolectar pequeños fragmentos de cráneo para hacer collares rituales. Dicen que hasta tomó algunos sesos y después los comió cocinados. Dicen.
Tiempo después, a lo largo del país del sol de medianoche, varias iglesias algunas de ellas con siglos de antigüedad y consideradas patrimonio de la nación fueron reducidas a cenizas. Muchos de esos actos incendiarios no solo fueron atribuidos a Varg Vikernes sino que él mismo los admitía con orgullo. ¿Actos extremos? Apenas venía lo peor.
Una escalofriante noche (sí, escalofriante como ya se mencionó que son las noches en Noruega), Euronymous recibió una visita inesperada y fue asesinado a puñaladas en su departamento en Oslo.

El asesino: Varg Vikernes. (¡Ay, cabrón! ¡Asesino y víctima tocando en el mismo álbum!)

¿Saben quién acompañaba a Vikernes en esa ocasión? Sí: Snorre Ruch.(¡Ay, re-cabrón! ¡Asesino, cómplice y víctima tocando en el mismo álbum!)


Lo sé, es una telenovela dantesca. Y es real. Dale una oportunidad a De Mysteriis Dom Sathanas. Por su importancia en el mundo musical, es prácticamente tu obligación escucharlo al menos una vez. Dichosos los invitados a la mesa del señor... del señor Satán.
Si te interesa más el tema te recomiendo el libro Lords of Chaos, mismo que reseñaré en otra ocasión. Otros materiales a checar son los documentales Satan Rides the Media y Until the Light Takes Us. Para una visión más amplia sobre el metal en general, no dejes de ver Metal: A  Headbanger’s Journey.


Posdata: 
El dato "jocoso" que no puede faltar es que el nombre original de Varg es Kristian, mismo que cambió legalmente a Varg (lobo en noruego) por el simple hecho de no soportar llamarse “Cristiano”. Así las cosas. Pinche gente loca. Y si dudas de la loquera de Varg, lee su blog en thuleanperspective.com